
El parking del Campus de Vicálvaro se ha convertido en un circuito de Fórmula 1. Ya no se respeta nada, y los golpes, arañazos y broncas se han convertido en lo habitual. La dejadez de los conductores a la hora de aparcar sus coches hace que aparcar en el parking sea tarea para valientes.
Pese a todo, el aparcamiento tiene buena capacidad, y prácticamente a todas horas hay algún hueco libre para aparcar. Las plazas también son amplias, lo que hace inverosímil que pueda haber alguna incidencia. Pero las hay. Todo puede empezar con un coche que no respete las líneas o esté más arrimado a un lado. Ahí comienza el efecto dominó. El coche de al lado ya se tiene que poner sin centrarse en las líneas.
Luego están los que más cara tienen. Estos aparcan fuera plaza, y en un lugar de los carriles. En algunos casos no dificultan la conducción ni las maniobras, pero no deberían estar en ese lugar. Pero en otros casos estos coches aparcados donde no se debe hacen que otros alumnos tenga que hacer maniobras o arriesgarse a rayar el coche. Todo porque hay quienes prefieren aparcar mal que buscar otro sitio fuera del aparcamiento.
Es intolerable. Debe haber más seguridad en el parking. Se debe multar, incluso, a quienes aparquen donde no hay plaza, y dificulte la circulación en el parking. Ha habido casos en que alumnos no han podido salir de su plaza de aparcamiento porque había un coche en medio.
En conclusión, o se aparca bien o no se debería aparcar en el parking del Campus. Formamos todos parte de la misma sociedad, y lo que no queremos que nos pase, estaría bien no hacerlo. No hay más que eso, facilitarle la vida al compañero.
